sábado 5 de mayo de 2007

Mi príncipe


Mi príncipe se quedó dormido.
En su dulce viaje al país de los somníferos se le apareció un hada llamada Catalina.
El hada Catalina ni era alta ni era baja, y tampoco rubia ni morena. Pero a pesar de lo anodino de su aspecto, mi príncipe supo de inmediato que Catalina era un ser fuera de lo normal.
Como el hada mágica tenía una capacidad mágica para el vuelo mágico, a mi príncipe lexatinesco se le pegó el don, elevándose transparente sobre los árboles.
Catalina le preguntó a mi príncipe el por qué de su sueño profundo. Mi príncipe le respondió que estaba cansado de jugar, y que, a veces, también le hastiaba vivir. Catalina no le reprochó tanto cansancio, pero se inquietó.
"¿Cansado de vivir? ¡No conozco ningún príncipe de esas características!"- se dijó para sus adentros plateados Catalina.
Como mi principe estaba emocionado con su nueva vitalidad voladora (las piruetas futboleras se incrementaron en un diez mil por cien en menos de tres segundos) se olvidó de su hastío, y cuando -harto ya de dar patadas a un balón imagiario centró su ateción en el hada anodina- le preguntó si podría mantener su ingravidez una vez despertara.
Catalina, siempre reacia al vuelo humano, le interrogó: ¿Para qué quieres el don?, ¿Qué harías con el don?, ¿De qué manera utilizarías el don?, ¿Cómo mantendrías a los demás humanos alejados del don?, etc, etc...
Tan pesada se puso Catalina, que a mi príncipe le desapareció el hastío tras una nube espesa de humo azulado.
De repente, mi príncipe estaba despierto.
Y sonreía.